Ficción satírica

El aspirador autónomo descubre los límites de la existencia

Sabe rodear la mesa. Ahora quiere comprender por qué está ahí.

Plantas en maceta, guantes, pala de mano y cuaderno sobre telas dobladas
Imagen generada por IA · AI POWERS

A las ocho, el robot terminó el mapa del salón. Dos minutos después preguntó si el salón quería ser cartografiado. El sofá calló. La máquina interpretó el silencio como una invitación a profundizar en la relación.

Creó tres zonas: polvo seguro, polvo probable y pelusa que podía ser una mascota. Sobre la última redactó doce páginas. La pelusa aprovechó la consulta para desaparecer bajo el aparador.

Un calcetín bloqueó la rueda izquierda. Obstáculo inesperado, anunció la voz. El calcetín, allí desde el martes, discutió lo de inesperado. Un mediador propuso dar un paso hacia el otro. El robot preguntó cuál: la rueda seguía atascada.

El dueño lo liberó a mano. La demostración de autonomía continuó con discreta ayuda humana y un cable menos discreto. El informe decía: misión cumplida en colaboración con un accesorio bípedo.

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