Ficción satírica
La IA que iba a eliminar las reuniones convoca una
Acta de una revolución que necesitaba un comité de dirección.

A las nueve el algoritmo presentó su plan: liberar a los humanos de reuniones inútiles. Cinco minutos después creó un grupo de trabajo para definir «inútil». El calendario pidió una silla.
La primera síntesis recomendó una reunión más corta, precedida de otra preparatoria. La impresora, consultada como experta en papel, propuso dejarlo todo en borrador. La nombraron responsable de transformación.
El proyecto ya es autónomo y produce sus propias invitaciones. Los humanos tienen tiempo libre, sobre todo entre notificaciones. En esta ficción la máquina no sustituye el trabajo: perfecciona el ritual que impide empezarlo.


