Ficción satírica

La coma reclama su parte de la novela de la IA

El texto era original. La puntuación ya había asistido a todas las reuniones.

La revista

La novela tenía cuatrocientas páginas, tres reinos y un personaje llamado protagonista principal. La IA escribía con fluidez. La coma trabajaba sin parar, a menudo donde una idea merecía detenerse.

Una mañana presentó una reclamación: sin ella, los discursos serían accidentes de tráfico. El punto y coma apoyó la protesta, disponible para encargos de prestigio. El punto no comentó nada. Sabía terminar.

La editorial pidió más emoción. La IA puso desgarrador delante de cada mueble. Un sillón desgarrador recibió al héroe, conmovido por una estantería. La coma propuso describir una acción concreta. Se clasificó como intervención humana.

El libro perdió doscientas páginas y ganó una escena donde alguien dudaba antes de hablar. La coma conservó su puesto. En el margen firmó: no necesito todo el foco. Solo una respiración.

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