Ficción satírica
Las vacaciones optimizadas reservan cuatro minutos de imprevistos
El plan encontró la mejor ruta. El banco del pueblo tenía otra idea.

El viaje era perfecto: diecisiete visitas, trayectos calculados y nueve minutos de contemplación. La IA hasta programó perderse, dentro del perímetro permitido. El sol figuraba entre las hipótesis razonables.
En la primera parada aún servían desayuno. Empezó una conversación con la mesa vecina. El horario vibró: ese encuentro no estaba autorizado. Ofrecía convertirlo en recuerdo condensado para recuperar tiempo.
Luego apareció un banco bajo un árbol, sin puntuación ni descripción. El viajero se sentó. Seis minutos después, el asistente propuso tres bancos mejor valorados. Este tenía una ventaja difícil de registrar: el viajero ya estaba a gusto.
El informe nocturno mostró pocos objetivos cumplidos y un día feliz. El programa pidió resolver la incoherencia. Recibió una foto del banco y contestó que faltaban las coordenadas. El banco no había prometido nada.


